Qué hago para ser más feliz – Fábula de las dos hormigas

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Si echas un vistazo a tu alrededor, verás que la felicidad es un anhelo presente en la mayoría de las personas que te rodean (si no en todas). De hecho, numerosos estudios científicos afirman que la felicidad es un anhelo universal en el mundo, ocupando el primer lugar en el ranking de los deseos expresados por cientos de miles de personas consultadas.

IPSOS, la multinacional francesa de investigación de mercados, realiza cada año una encuesta mundial en 27 países, para medir el nivel de felicidad de la población adulta. A las personas que participan en el estudio se les hace la pregunta siguiente: “En general, ¿dirías que eres: muy feliz, bastante feliz, no muy feliz, nada feliz?”.

En su encuesta de 2020, se observa que el nivel de felicidad en estos países ha retrocedido (en término medio) en un -14% con respecto al año 2011. Esto quiere decir, que hay más gente infeliz que antes.

Por si tienes curiosidad, en España en 2020, sólo el 38% de las personas encuestadas afirmaron ser felices y en 2011 afirmaban ser felices el 63%.

Pero, ¿por qué a much@s les cuesta tanto ser felices? ¿Qué puedes hacer para ser más feliz?

En realidad, el esquema de esta imagen lo representa con mucha claridad: Si eres feliz, sigue haciendo más de lo mismo pues te está funcionando bien, pero si eres infeliz, o cambias algo en tu vida o serás un infeliz perenne. En esto nos vamos a centrar en este post.

A la mayoría de las personas les cuesta gestionar los cambios. Esto se debe principalmente a dos motivos:

  1. Por comodidad → hay un dicho famoso que dice “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”, pero ¿qué hay de verdad en esta frase? ¿De verdad crees que esto es así? ¿Y si lo que hay más allá de nuestras miras es mucho mejor que lo que tenemos actualmente? Anímate, atrévete, sal de tu zona de confort y explora nuevos espacios y retos.
  2. Por miedo → a lo desconocido, al qué dirán, a hacer el ridículo, a equivocarse, etc. El miedo nos impide prosperar y hace que nos perdamos oportunidades maravillosas. Si este es tu caso, pregúntate: ¿Qué gano si cambio? ¿Qué pierdo si cambio y no sale como esperaba? Reflexiona sobre tus respuestas y decide si cambiar o no con su ayuda.

Trascender lo desconocido no sólo te brindará nuevas oportunidades para ser más feliz, sino que también para aprender y reforzar la confianza en ti mism@. Y si te equivocas en algún cambio, aprende de tu error y sigue adelante. Recuerda que los errores forman parte del proceso de aprendizaje.

Para terminar, te invito a leer la fábula de “Las dos hormigas” del libro ‘Cuando el desierto florece’ del escritor Prem Rawat. Es una corta y bonita historia de superación del miedo al cambio. Espero que te guste.

Las dos hormigas, una fábula sobre el miedo a los cambios

Una hormiga vivía plácidamente en una montaña de azúcar. Otra hormiga vivía cerca de allí, en un montículo de sal. La hormiga que vivía en la montaña de azúcar vivía feliz, porque disfrutaba de un alimento muy dulce, mientras que la hormiga que vivía en la montaña de sal siempre tenía una terrible sed después de comer.

Un día, la hormiga de la montaña de azúcar se acercó a la montaña de sal:

– ¡Hola, amiga! – le dijo.

– ¡Hola! – contestó extrañada la hormiga del montículo de sal- ¡Que bueno ver otra hormiga por aquí! Comenzaba a sentirme muy sola…

– Pues vivo muy cerca de aquí, en una montaña de azúcar.

– ¿Azúcar? ¿Y eso qué es? – preguntó extrañada la hormiga de la sal.

– ¿Nunca probaste el azúcar? ¡Te va a encantar! Si quieres, ven mañana a verme y te dejaré probar el azúcar.

– ¡Me parece una idea fantástica! – contestó intrigada la hormiga de la montaña de sal.

La hormiga de la montaña de sal visita a la hormiga del azúcar

Al día siguiente, la hormiga del montículo de sal decidió aceptar la invitación de su vecina. Pero antes de partir, pensó en llevar en la boca un poco de sal, por si acaso el azúcar no le gustaba. Así tendría algo que comer.

Y después de andar un poco, enseguida descubrió la brillante montaña de azúcar. En lo más alto, estaba su vecina.

– ¡Qué bueno que viniste, amiga! Sube, que quiero que pruebes el sabor del azúcar.

– ¡De acuerdo! – contestó la hormiga de la sal.

Una vez arriba, la hormiga vecina le ofreció un poco de azúcar, pero como ella tenía sal en la boca, el azúcar le supo a sal.

– ¡Vaya, qué curioso! – dijo la hormiga de la sal- Resulta que tu azúcar sabe igual que mi sal. Debe ser lo mismo. Tú la llamas azúcar y yo la llamo sal.

– No puede ser- dijo extrañada la otra hormiga- Yo he probado la sal y no se parece en nada… A ver, abre la boca.

Entonces, la hormiga se dio cuenta de que tenía guardada sal en la boca.

– ¡Claro! ¡Ahora lo entiendo! Anda, escupe la sal y prueba de nuevo…

La otra hormiga obedeció y esta vez sí, el azúcar al fin le supo a azúcar.

– ¡Mmmmmm! ¡Deliciosa! ¡Es una maravilla!!- dijo la hormiga entusiasmada. Y se quedó a vivir con su nueva amiga, disfrutando del maravilloso y dulce sabor del azúcar.

Moraleja: “Si no te deshaces de aquello a lo que te aferras sin que te haga feliz, no podrás disfrutar de lo nuevo y darle una oportunidad para mejorar”.

Ahora reflexiona sobre esta fábula y piensa en qué te pareces a estas hormigas.

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